domingo, 5 de octubre de 2008

Psé.

Mi interlocutor, que además es mi invitado, apura el Chardonnay y empieza a hablar sobre la existencia - o no- de Dios. Aturdido, nombro el principio de incertidumbre para ganar algo de tiempo. Es algo que los mecánicos cuánticos -y los economistas últimamente- hacen a menudo. Aprovecho y hago un repaso mental de qué le he podido poner a la ensalada para el éste me salga ahora con un tema así.

Cuando vuelvo a la conversación, está hablando sobre el yo, el súper-yo y del espacio entre ellos. Detrás de él -incluso más allá de su súper-él y el espacio entre ellos- está la pared, y en la pared mi fotografía aéra de Berlín. Me fijo en una araña que se ha descolgado del techo y ha empezado a caminar por Berlín. Sigo sus movimientos y me imagino lo que estará viendo. Si noto que mi interlocutor -que ya no lo es, pero aún no lo sabe- se calla, voy diciendo Naja, Achso y Nagut, para seguirle dando algo en qué pensar.

Veo que me toca decir algo, así bebo Chardonnay, que a él parece hacerle efecto y en ese momento, nos interrumpe mi vecina, que discute a gritos con su novio en algún idioma que no entendemos. Es curioso, porque cuando se llevan bien, usan otro que todos los vecinos entienden.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Así no se sabe si hay Diso o no porque se mueve muy rápido?

Anónimo dijo...

Cómo, cuándo, dónde, quién. Yo soy el principio de incertidumbre. Sólo sé seguro la hora a la que se duchan mis vecinos, cuestión de tabiques.

aptc dijo...

En mi opinión hay varias cosas claras:
1) a la ensalda le echaste Chardonnay. Yo diría que bastante.
2) El principio de incertidumbre resulta mortal de necesidad cuando lo hablas con algún gilipollas que se ha creído que lo entiende.
3) Las auténticas parejas bilingües son las que discuten en un idioma y se pelean en otro. Si lo piensas salen 4 lenguas. Las ventajas...guau!
4)Te noto estresado. Debe ser el ritmo frenético de esa ciudad.

Anónimo dijo...

no puedo dormir. sera el momento de leer sobre fluctuacion cuantica? ;)