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martes, 26 de mayo de 2009

Desde Jena a Santa Bárbara.

Mientras mis amigos duermen la siesta en su apartamento de Santa Mónica, yo me distraigo en su salón -que también será mi dormitorio por esta noche. Después de una semana de sesudas conferencias, entre físicos teóricos y gente que en su laboratorio genera los eventos medibles más cortos conocidos. Por el campus, estudiantes en playeras y bicicletas nos recuerdan que, si pagas unos 40.000 dólares al año, la universidad es Disneylandia. Zonas ajardinadas, laguna, playa y monopatín. Se lleva un relajo generalizado que parece ser característico de California. Cerca del instituo de física teórica se van acabando los surferos y surferas sobre ruedas, y empiezan a aparecer los sospechos habituales: indios, chinos y más gente con pinta de no estar en Santa Bárbara por el buen tiempo. Con la ciudad universitaria vacía por el fin de semana largo, en la lavandería sólo queda la empleada:

No vayas a LA. Se supone que sólo hay freeways y mal rollo. Nos acercamos hasta el Getty Museum. Allí, entre remarcables(*) obras de arte, ella sigue esperando que la pasen de la terracota al mármol:


Aprovecho Santa Mónica, el amigo, la suerte y todo lo demás para saludar al Pacífico y acordarme de otro sitio:


(*) El spanglish está por todos lados, desde el agua reclamada, a remover la basura...

domingo, 5 de octubre de 2008

Psé.

Mi interlocutor, que además es mi invitado, apura el Chardonnay y empieza a hablar sobre la existencia - o no- de Dios. Aturdido, nombro el principio de incertidumbre para ganar algo de tiempo. Es algo que los mecánicos cuánticos -y los economistas últimamente- hacen a menudo. Aprovecho y hago un repaso mental de qué le he podido poner a la ensalada para el éste me salga ahora con un tema así.

Cuando vuelvo a la conversación, está hablando sobre el yo, el súper-yo y del espacio entre ellos. Detrás de él -incluso más allá de su súper-él y el espacio entre ellos- está la pared, y en la pared mi fotografía aéra de Berlín. Me fijo en una araña que se ha descolgado del techo y ha empezado a caminar por Berlín. Sigo sus movimientos y me imagino lo que estará viendo. Si noto que mi interlocutor -que ya no lo es, pero aún no lo sabe- se calla, voy diciendo Naja, Achso y Nagut, para seguirle dando algo en qué pensar.

Veo que me toca decir algo, así bebo Chardonnay, que a él parece hacerle efecto y en ese momento, nos interrumpe mi vecina, que discute a gritos con su novio en algún idioma que no entendemos. Es curioso, porque cuando se llevan bien, usan otro que todos los vecinos entienden.

martes, 16 de septiembre de 2008

Jena la nuit.

Los jefes están en las antípodas. Literalmente: el desfase me hace trabajar hasta tarde para que ocho horas de adelanto -se deben de estar levantando- no supongan todo un día de retraso en el tráfico de emails. Por supuesto, hace falta para ayer. A medianoche empieza a costar trabajo encontrar el error en los resultados.

Un lunes (martes ya) a estas horas a Jena le falta todo. Han quitado las ventanas, los coches, la gente. Deben de haber desmontado hasta las colinas. Juraría que el semáforo ha sonreído al ver a un tipo que cruza rápidamente aunque no queda un solo coche en toda Turingia. Ya por la mañana, a Jena se la traga la niebla(*).

Las mañanas laguneras también tenían su niebla y su frío. La estudiante en prácticas también la recuerda La Laguna. En la pizzería en la que trabajó allí -probablemente atendiéndonos al mismo grupo de amigos varias veces- aprendió el español que ha utilizado para preguntarme por qué no cuadran sus cálculos cuánticos. Pienso en los míos no cuadrando la noche anterior por las tres últimas letras de un fichero y...

(*) Según acolostico es porque los del ayuntamiento no han pagado las facturas del paisaje.


martes, 29 de julio de 2008

Desde Chicago a Jena.

Resonancias

Un sistema cuántico se considera resuelto cuando se conocen sus estados propios, sus eigenstates. Se los puede buscar directamente, resolviendo las ecuaciones que los tienen como solución. Otra manera -más o menos práctica según el caso- consiste en colocar al sistema fuera de su situación de equilibrio, dejar que evolucione en el tiempo y escuchar (*) como va resonando en sus estados propios. Quiere decir que bajo la dinámica del sistema hay en realidad un puñando de estados propios combinados de una determinada manera. Simplemente sacándolo de la posición de equilibrio y escuchando(**) dónde resuena, podemos detectar los estados propios que lo caracterizan.

Las resonancias ocurren cuando se está fuera del equilibrio. Puede pasar navegando en el lago Michigan -y que te veas a tu padre apuntándote al primer cursillo de vela. O delante de un cuadro en un museo de Boston y que veas al pasillo de la casa de tu abuela.

El verano llegó hace bastente y los campos (¡campos!) que atraviesa el tren están arados, secos, balas de heno por todas partes. Me bajo con cara de bobo -el jetlag no es excusa- al andén. Las maletas en los adoquines: taca-taca, torre inexplicable, y acento alemán campechano al que creía haberme acostumbrado. Jena state of mind.

(*) Si el sistema fuera una cuerda de guitarra, ésto equivale pulsar la cuerda(=sacarla de su posición de equilibrio) y dejarla que vibre.

(**) Aquí, escuchar significa hacer una transformada de Fourier, que transforma las oscilaciones en el tiempo en picos(=intensidades) en la frecuencia. El cerebro hace la transformada de Fourier automáticamente. Conviete distintas cuerdas vibrando al mismo tiempo en distintos picos para distintas frecuencias(=notas).

domingo, 4 de mayo de 2008

El MIT, el tren y la música.

Hace bastantes años, entre un amigo y yo, el Massachusetts Institute of Technology, MIT, se convirtió en una especie de figura misteriosa y lejana a la que nos referíamos para bromas o chistes freaks. No creo que ni él ni yo, por aquél entonces, tuviéramos idea de qué era exactamente. Probablemente, no sabíamos ni dónde estaba Massachusetts, ni muchísimo menos cómo se escribía Massachusetts. El MIT era el MIT, y fuera lo que fuera, sabíamos a lo que nos referíamos. Un día descubrí cerca de mi facultad en La Laguna el Matadero Insular de Tenerife. Tuvimos para varios años más de risas.

El otro día nos dió una charla un investigador que acaba de llegar a Jena del MIT. Él es un físico experimentalista, nosotros somos -seremos- químicos teóricos. En nuestro grupo hacemos lo mismo que él, o por lo menos, intentamos llegar a lo mismo, intentamos describir lo mismo, intentamos VER lo mismo. Y sin embargo, no nos entendimos como cabría esperar. Otro lenguaje, dijeron algunos. Muchos espectros, muchas señales. Se debe notar en mi cara que no entiendo una de sus respuestas. Supongo que intentando parecer cercano nos dice: It' s my gut feeling. Algo así como "Es una corazonada.", pero con menos corazón y más intestino. Aunque admire su desenvoltura, no puedo imaginarme a un teórico invocando alguna parte de su cuerpo -distinta a su cerebro- ante una audiencia de experimentalistas. Eso debe ser por venir del MIT, pienso, y me acuerdo de mi amigo.

A la mañana -muy mañana- siguente, en el tren Jena-Berlín, se sienta frente a mí una señora con un iPod y un cuaderno con la partitura de una ópera. Toma apuntes, repite algunas pistas, anota algo en los pentagramas. Yo estoy pasando unas fórmulas al ordenador. Pienso en sus notas y en mis equaciones. La señora hace una pausa y las mira también. Sin saber de música, se me ocurre que en teoría sus frecuencias, intensidades, duraciones, modulaciones y pulsaciones se podrían escribir en forma de ecuación. No sería tan vistoso, ni tan económico ni tan bonito como en un pentagrama. Recuerdo la primera vez que me hablaron de una ecuación bella. De vez en cuando en algún libro de texto se refieren a fórmulas elegantes, a teorías sofisticadas. Luego viene un señor de Massachusetts y dice que tiene problemas de digestión. Me quedo con las notas.

martes, 18 de marzo de 2008

Imagínenseme

La canción se llama "New Soul", y es la que se escucha de fondo en el buenísimo anuncio del Mac-Air, de Apple. Es exactamente la canción que suena en mi cabeza mientras me levanto y saboreo la primera mañana de ¡internet en casa! El viernes estuvimos dos horas intentanto llevar, con un repetidor-antena, la única red WLAN de DSL de un vecino hasta mi casa. Imposible. Ni J., que vino para ayudarme y se entendió en inglés con mi vecino, pudo remediarlo. Después vino la fiesta y la visita al despacho a las dos de la mañana (que no moló). Lo que hice por la mañana del sábado fue acercarme hasta la puerta del vecino, portátil en mano, descargarme el borrador de artículo que mi jefe quería para el lunes y salir para la estación. Así que anoche, a la vuelta del trabajo, cansado de mendigar internet, le pedí a otra vecina que me diera su clave de red para, aunque sea lento, tener "una poquita de intelné" en casa. El café sabe mejor cuando escribo el blog desde casa.

Hace tiempo que hablé de ventanas, de ventanas y cuadros, y de un cuadro de C.D. Friedrich. Este fin de semana me he encontrado con que yo mismo compré un póster de ese cuadro hace más un año en una exposición en Berlín y me había olvidado. Lo bueno de ser olvidadizo es que te llevas estas sorpresas de vez en cuando. Una vez fui a clase un día de fiesta. Cuando llegué al colegio éramos yo y otro pobre desgraciado mirándonos extrañados. Ese pobre desgraciado se convirtió en mi mejor amigo, y hasta hoy. Hasta ayer, que hablamos por messenger y me dijo que le gustaba el blog. El gimnasio le está afectando al cerebro. Mi hermana, harta de que me olvide de sus fechas de viajes y de que confunda su cumpleaños con el de mi madre, dirá que de olvidadizo nada, que lo que pasa es que no pongo atención. Lo malo de la familia y de los amigos es que te conocen demasiado.

Me paso la vida perdiendo cosas, pero, a veces, tiene su punto, como cuando encuentro un billete de 5 euros arrugado en un bolsillo de un pantalón que no me pongo desde hace una semana. Una vez conocí a un montón de economistas, y uno con cinco con copas de más me explicó que se puede demostrar que mucha gente a veces elige lo anti-económico (menos dinero como resultado de una decisión, supongo). Que la gente prefiere encontarse 5 euros en su pantalón a encontrarse 12 euros por la calle y dividirlo con el amigo que te acompaña en 6 y 6. Economistas: si lo que acabo de decir es un disparate, serán las copas de más de aquel tipo. Imaginen el infumable (en realidad unsmokable, porque fue en inglés) rollo que le respondí sobre la química teórica y los retos de la ciencia para el próximo siglo. Espero que la embriaguez le ayudara a digerirlo, pobre hombre.


Actualización inevitable: Nieva como nunca vi nevar en Jena. Stupendo, que diría Forges. Y yo me voy. Anoche me dijeron: pásatelo bien en el sol, nosotros nos quedamos con la nieve en Jena.

jueves, 6 de marzo de 2008

Que se llama realidad

He makes decisions based on reality. (Él) toma decisiones basadas en la realidad. Casi nada. La frase la dice una actriz en un documental (bonus de un DVD) sobre el director de la peli. A mí me parece una tontería, pero, de pronto, ahí estoy, delante del último paquete de cereales y a cinco minutos de que cierren el súper: Sólo quedan los que llevan chocolate. Y entonces la frase me parece perfecta. Decisiones basadas en la realidad, me digo. Hago ese cálculo optimista que todos hacemos cuando vamos al súper de improviso: Cuántas cosas puedo cargar sin comprar una bolsa para llevarlas? Ya llevo unos tomates en la mano y un bote de millo (maíz dulce) debajo del brazo y algo cabrá en los bolsillos. Claramente, me compro los cereales con chocolate (siguen siendo de la misma marca y con el mismo rollo fitness). Y me acuerdo de una frase de Kafka, pero no la pongo aquí porque son las nueve y media, y Kafka tan pronto te cruje la maniana. A ver si alguien sabe qué frase es.

Tele-realidades. Realitys. Unos adolescentes alemanes descontrolados para un programa que se los lleva al desierto de Oregón como parte de una terapia. Están el violento, el drogata, la cleptómana, el ladrón de coches, la que pega a sus padres y algunos más, todos de menos de 17 anios. Qué basura, pienso, mientras me preparo la ensalada y lo escucho de fondo.

A los diez minutos estoy enganchado. Si se consigue que la edición sensacionalista no distraiga -las voces en off, los flashbacks enseniando a los chicos antes de la terapia, la música heavy etc- el programa resulta interesante. El al agotamiento físico de las caminatas durante días baja los humos. Los terapeutas consiguen hacer hablar con naturalidad a los chicos. Todos acaban diciendo lo mismo. Se dan cuenta de que son unos cabrones, les gustaría no ser así, y el más durote de todos confiesa entre llantos que echa de menos no hablar con su hermano como hacía antes. Zugegeben, me emocioné un poco, qué pasa?

Realidades. Durante algo más de un anio tuve un jefe físico teórico, con una sub-jefa entre él y yo. Para él, los químicos teóricos representan su conexión con la realidad. "Lo que tendría que ser" vs. "lo que se calcula que es". Para los experimentales, la realidad calculada no tiene nada que hacer frente a la realidad medida, testada: Está pasando, lo estás viendo. Echo de menos la realidad real, y creo que empiezo a comprender la frase del director de la película.

martes, 26 de febrero de 2008

Palabras, Palabras, Palabras

Me dijeron hace poco que las palabras son sólo conveciones que utilizamos. Decían que para un bebé, aprender dos idiomas a la vez es bastante complejo. Hasta que crezca un poco y desarolle su pensamiento abstracto, un mismo objeto de la realidad, representado en su cabeza con dos palabras (Tisch y Mesa, por ejemplo), son, en su cabeza, dos objetos distintos. No me lo creo. Lo de las convenciones, digo (lo otro, que me lo digan las psicólogas...). Mi padre me dijo de pequenio que, si lo piensas un rato, las palabras acaban haciendo honor a su nombre. Si se pone uno a penar, la palabra "reloj" parece pensada para nombrar ese objeto que hace "tic-tac". La palabrá "café": me dirán que esa maravillosa bebida se podía llamar de otra manera? Y "pizza"? Si alguien tiene un nombre mejor, que lo diga. Y esos objetos fetiche SÓLO se podían llamar "hidrantes"...

Menos filosóficos son los nombres de las cosas en los supermercados. Mi desayuno es pura poesía. Los cereales me recuerdan, en invierno, que "Frauen, die frühstücken, nehmen einfacher ab", y en primavera, me ayudan con un "Plan-Bikini", cuando no me regalan vales para una cura SPA-Wellness. La coña no para ahí. Mis yogures se llaman Grazil (grácil). La ironía? Hace dos meses, en una discoteca en Jena, un tipo me paró y me preguntó si era vasco (vaya por delante mi respeto a los vascos...). Y el queso en lonchas? Mí queso en lonchas es una delicia, es, simplemente...Romance. Para darle el toque gore-kitsch, se llama Romance IN SCHEIBEN (romance en lonchas...). Éstos productos son del Aldi. El Penny-Markt era más sutil. El papel higiénico se llamaba, adecuadamente, Happy End, frente a la sobriedad del Solo, del Aldi.

Sin duda, el mejor de todos ellos es el jabón para lavavajillas que se llama Quantum. Que lo de quantum vende es algo que se sabe. Yo ponía los dos tochos de Quantum Mechanics sobre la mesa de la biblioteca, en la Facultad de Físicas de la ULL (ojo, que soy químico), por ver si atraía, o al menos, impresionaba, al personal (personal femenino, se entiende). Debió de ser la peor idea de la historia del ligue.

actualización: Heisse Liebe, (amor caliente), un té de la mensa.