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viernes, 16 de enero de 2009

Sálvese quien pueda.

En un acto de generosidad, la Rebública Checa me ayuda a escribir el blog. El gobierno de ese país, con motivo de su presidencia de la Unión Europea, encargó una escultura, que ya está colgada en Bruselas. El artista que obtuvo el encargo ha hecho un monumento al estereotipo nacional, algo así como una exageración -para algunos ofensiva- de cómo ven, o de por lo menos cómo ve él, el resto de naciones de la Comuniadad Europea: italianos que sólo juegan al fútbol, Francia en huelga, España cubierta de cemento armado, Dinamarca hecha de Legos, Alemania obsesionada con los coches etc. De dudoso gusto -lo dudo yo, no sé qué pensaran otros, la escultura ha causado la previsible indignación de algunos países (Bulgaria es representada como el aseo de Turquía). El artista se defiende diciendo que lo que hace falta es tener sentido del humor. . La pena es que no todo el mundo tiene sentido del humor.

En unas horas estaré siendo llevado en coche unos 300 kilómetros por un señor alemán, en su coche alemán, con sus neumáticos de invierno alemanes, rodando a velocidades alemanas por buenísimas carreteras alemanas. Un dato: no tengo ni idea de quién es el señor, si fuma, conduce bien o mal o si se siente representado (o no) por la escultura de arriba. Lo peor que me puede pasar es que el tío no tenga sentido del humor.

El avión que se ha ido de pesca al río Hudson me da pié para poner el ejercicio sobre estereotipos para el fin de semana:
Se cae el avión al mar. Un alemán, un español y tú se quedan flotando sobre un ala. El ala se parte en dos, hay que decidir si te vas con el español o con el alemán.

a) Me voy con el alemán. Sabe perfectamente dónde nos hemos caído, confía en que los servicios de rescate nos encuentren. Me fío.
b) Me voy el español. Alguna vez he oído por ahí que los españoles improvisan bien, saben adaptar el plan según va cambiando la situación. Algo se le ocurrirá.
c) Esta encuesta me parece un estupidez. El blog flojea últimamente.

domingo, 5 de octubre de 2008

Psé.

Mi interlocutor, que además es mi invitado, apura el Chardonnay y empieza a hablar sobre la existencia - o no- de Dios. Aturdido, nombro el principio de incertidumbre para ganar algo de tiempo. Es algo que los mecánicos cuánticos -y los economistas últimamente- hacen a menudo. Aprovecho y hago un repaso mental de qué le he podido poner a la ensalada para el éste me salga ahora con un tema así.

Cuando vuelvo a la conversación, está hablando sobre el yo, el súper-yo y del espacio entre ellos. Detrás de él -incluso más allá de su súper-él y el espacio entre ellos- está la pared, y en la pared mi fotografía aéra de Berlín. Me fijo en una araña que se ha descolgado del techo y ha empezado a caminar por Berlín. Sigo sus movimientos y me imagino lo que estará viendo. Si noto que mi interlocutor -que ya no lo es, pero aún no lo sabe- se calla, voy diciendo Naja, Achso y Nagut, para seguirle dando algo en qué pensar.

Veo que me toca decir algo, así bebo Chardonnay, que a él parece hacerle efecto y en ese momento, nos interrumpe mi vecina, que discute a gritos con su novio en algún idioma que no entendemos. Es curioso, porque cuando se llevan bien, usan otro que todos los vecinos entienden.

lunes, 31 de marzo de 2008

El humor y la melancolía

El humor, sobretodo el escrito, parece una cosa difícil. Si uno se pone delante de una hoja en blanco e intenta llenarla, más temprano que tarde acabará en algo descriptivo o en algo melancólico. Un amigo nos contaba ayer que sólo le daba por escribir en su diario cuando está triste. Después, al leerlo, da la impresión de que él es muy triste y melancólico. Pojclaro.

Nadie se sienta a escribir "Entra un tipo un bar y le dice al camarero...". Eso es difícil. El escritor sin ideas de Desayuno con Diamantes no sabe sobre qué escribir, y se pone a contar lo que le pasa, es decir, escribe sobre su vecina, Audrey Hepburn). En ese momento oye sonar la que quizá sea una de las mejores canciones del cine, Moonriver, y George Peppard(*) sale a la ventana, ve a la chica tocando la guitarra y se enamora de ella. Vale, todo muy cursi, pero ninguno nos imaginamos el enamoramiento si Audrey cantara una rumba de Peret. La melancolía vende más que el humor.

El humor tiene una carga importante de sorpresa, inesperada. Por eso quizá todo el mundo diga que es más fácil escribir un buen drama que una buena comedia. Yo estoy en la cola de la mensa. Voy a pagar, la cajera me pide 2ct sueltos. Le digo que no que no tengo. De pronto me acuerdo de que sí, los saco del fondo del bolsillo. Bromeo -Usted sabía que yo los tenía. La cajera, como no hay nadie, se anima -Puedo ver a través de sus pantalones. Me quedo callado. Lo ha oído alguien más? Intento mantener la sonrisa, para que la cajera no se dé cuenta del caramelo que me acaba de poner en la boca. Se da cuenta -Bueno, eso último no lo tendría que haber dicho. Estoy un poco suelta. Me da la vuelta y me voy a la mesa pensando en este post. Alguien escribe el resto del guión?

(*) Pensar que acabó de jefe del Equipo A le da perspectiva. Me encanta que los planes salgan bien.