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lunes, 23 de noviembre de 2009

Ex.

Como cualquier antigua novia que se merezca ese nombre, Berlín me recibe con una mezcla de sospecha y alegría. Contenta, pero sin dejar de pensar ¿Y qué querrá éste ahora de mí? Probablemente no le guste la soltura con la que intento moverme por sus calles. Las conozco más de lo que a ella le gustaría admitir. A mí -y también me cuesta reconocerlo- me duele un poco que ella siga encantadora como siempre. Esperaría que se fuera marchitando, que me recibiera con un Así estoy yo sin tí, pero está espléndida. Qué le vamos a hacer, ya me ha superado.

Paseo por sus calles como si viviera aquí, con tiempo en las manos y las manos en los bolsillos. Miro escaparates sin comprar nada. El barrio con más galerías de arte por metro lineal se ha convertido en el de más obras por metro cuadrado. No me esperaba menos de Berlín, la mejor ciudad del mundo para jugar al escondite:









martes, 26 de mayo de 2009

Desde Jena a Santa Bárbara.

Mientras mis amigos duermen la siesta en su apartamento de Santa Mónica, yo me distraigo en su salón -que también será mi dormitorio por esta noche. Después de una semana de sesudas conferencias, entre físicos teóricos y gente que en su laboratorio genera los eventos medibles más cortos conocidos. Por el campus, estudiantes en playeras y bicicletas nos recuerdan que, si pagas unos 40.000 dólares al año, la universidad es Disneylandia. Zonas ajardinadas, laguna, playa y monopatín. Se lleva un relajo generalizado que parece ser característico de California. Cerca del instituo de física teórica se van acabando los surferos y surferas sobre ruedas, y empiezan a aparecer los sospechos habituales: indios, chinos y más gente con pinta de no estar en Santa Bárbara por el buen tiempo. Con la ciudad universitaria vacía por el fin de semana largo, en la lavandería sólo queda la empleada:

No vayas a LA. Se supone que sólo hay freeways y mal rollo. Nos acercamos hasta el Getty Museum. Allí, entre remarcables(*) obras de arte, ella sigue esperando que la pasen de la terracota al mármol:


Aprovecho Santa Mónica, el amigo, la suerte y todo lo demás para saludar al Pacífico y acordarme de otro sitio:


(*) El spanglish está por todos lados, desde el agua reclamada, a remover la basura...

lunes, 4 de mayo de 2009

Desde Jena a Londres.

Una semana en Londres: curso, sesión de pósteres, simposio. Tema del congreso: control sobre la luz y, con suerte, de la materia. Londres ayudó con la luz, nosotros intentamos poner la materia. Sesión de pósteres ruidosa y corta, sesión de charlas ruidosa y larga. Gente agradable y ciencia buena. ¿Qué más se puede pedir?

El efecto British Museum. Cuando hay exceso de información, muchas personas intentan fijarse en los detalles. Quizá no resuman totalmente la información, pero a veces sirven para fijar algunas ideas. Cuando la información sobrepasa mi capacidad de interpretarla, intento hacer exactamente lo contrario. Puede pasar -y pasa- en conferencias en donde en vez de no perder detalle me fuerzo a "desenfocar" mi atención. La información que consiga llegarme así, a pesar de estar distraído, será aquella que realmente me interese, la que, cuatro días después de la charla, podré contarle a alguien. Es el efecto British Museum, depués de la quinta sala, se ha perdido la sensibilidad, más vale no fijarse en nada. Desenfocar la mirada y pasear, dejando que sea el propio museo -dónde está colocada una pieza, por qué delante de algunas hay mucha o poca genta- el que se encargue, sin preocuparnos de entender todo y no perder detalle.

Paseamos por Londres y al principio intento no perder detalle:

aunque al final acabe desenfocando la mirada:


viernes, 16 de enero de 2009

Sálvese quien pueda.

En un acto de generosidad, la Rebública Checa me ayuda a escribir el blog. El gobierno de ese país, con motivo de su presidencia de la Unión Europea, encargó una escultura, que ya está colgada en Bruselas. El artista que obtuvo el encargo ha hecho un monumento al estereotipo nacional, algo así como una exageración -para algunos ofensiva- de cómo ven, o de por lo menos cómo ve él, el resto de naciones de la Comuniadad Europea: italianos que sólo juegan al fútbol, Francia en huelga, España cubierta de cemento armado, Dinamarca hecha de Legos, Alemania obsesionada con los coches etc. De dudoso gusto -lo dudo yo, no sé qué pensaran otros, la escultura ha causado la previsible indignación de algunos países (Bulgaria es representada como el aseo de Turquía). El artista se defiende diciendo que lo que hace falta es tener sentido del humor. . La pena es que no todo el mundo tiene sentido del humor.

En unas horas estaré siendo llevado en coche unos 300 kilómetros por un señor alemán, en su coche alemán, con sus neumáticos de invierno alemanes, rodando a velocidades alemanas por buenísimas carreteras alemanas. Un dato: no tengo ni idea de quién es el señor, si fuma, conduce bien o mal o si se siente representado (o no) por la escultura de arriba. Lo peor que me puede pasar es que el tío no tenga sentido del humor.

El avión que se ha ido de pesca al río Hudson me da pié para poner el ejercicio sobre estereotipos para el fin de semana:
Se cae el avión al mar. Un alemán, un español y tú se quedan flotando sobre un ala. El ala se parte en dos, hay que decidir si te vas con el español o con el alemán.

a) Me voy con el alemán. Sabe perfectamente dónde nos hemos caído, confía en que los servicios de rescate nos encuentren. Me fío.
b) Me voy el español. Alguna vez he oído por ahí que los españoles improvisan bien, saben adaptar el plan según va cambiando la situación. Algo se le ocurrirá.
c) Esta encuesta me parece un estupidez. El blog flojea últimamente.

miércoles, 7 de enero de 2009

En blanco y negro.

Cinco de enero, mediodía, playa de Las Teresitas:
La foto NO es una postal.

Siete de enero, mediodía, en algún lugar entre Erfurt y Weimar:

La película es en color.

Se me había olvidado el taca-taca de la maleta en los adoquines, hoy amortiguado por la nieve compactada. Los higrómetros que dan palmas, los termómetros que se han dado la vuelta y el buzón que explota de publicidad. Salimos de casa y a casa llegamos.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Una hora menos.

Habrá sido el mojo. Las cinco Doradas de la comida y los seis Arehucas de después no creo que tengan nada que ver con la mañana un poco confusa. Para despejarse, menos mal que -por estar donde estamos- se puede hacer ésto:

La cajera del supermercado va pasando la compra a mucha velocidad. Al mismo tiempo, por teléfono., intenta convencer al peluquero de que la coja esta tarde -...yo...marcar y peinar...sí, eso...y mi madre sólo para el color...- Sin dejar de hablar, cobra, apunta una dirección y mete la compra en bolsas de plástico. (¡Sí, plástico!). Al lado, un pibe de no más de doce años le pregunta desconsolado a la panadera que qué panes se pueden comer teniendo aparato en los dientes. Ella se ríe y desde la cola le veo brillar la ortodoncia: Llévate de éste mi niño.

Aquí estamos, una hora menos, un año más. Empieza terremoto 2009.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Happy landing.

En la larguísima y aburrida cola del control de segurdidad en el aeropuerto de Frankfurt me pongo a tararear...for the sake of having you near..., al tiempo que me pregunto por qué demonios me seguirá gustando viajar solo. Olvidados los considerables esfuerzos para ajustar fechas, precios y vacaciones, ya sólo queda viajar.

Tarareaba también ayer, al volante y rumbo al Oeste, mientras mi tímido y aburido compañero de coche dejaba de mirar la lluviosa puesta de sol para lanzarme miradas inquietas por el rabillo del ojo.

Tarareo finalmente, acabado de aterrizar, mientras espero mi maleta. Llegamos al Sur del Sur:l os 19º C, la hora menos y la soleada puesta de sol se ríen de mi abrigo. I got you under my skin.

lunes, 20 de octubre de 2008

Ciao.

El director sólo tiene mover media ceja para que el medio centenar de adolescentes italianos se ponga firme. Silencio, se canta. Madres, padres, abuelas, tíos e incluso yernos contienen la respiración. El coro de alumnos del conservatorio empieza a cantar, acompañado por el órgano de la catedral de Vicenza.

Casi no se reconoce a la turba de adolescentes italianos "No sin mis gafas de sol" que hace unas horas recorría el centro de la ciudad. Gritándose, riéndose, gastándose bromas, hablando por el móvil y sacándose fotos todo a la vez.

Termina el concierto, y el director (maestro) explica con la partitura en la mano: es la primera vez que se interpreta ésta obra en tiempos modernos en Italia. Yo -que tengo el oído musical de, digamos, una esponja marina- me he quedo maravillado, y muy adentro sonrío: nunca pensé que una sobremesa de invierno en Berlín hace dos años -¿Sabes dónde puedo comprar partituras?- acabara en este concierto.

viernes, 17 de octubre de 2008

El país de los sentidos.

Cinco de la tarde y ya voy por el cuarto café: Italia ¿Dónde si no? Todos los sentidos recibiendo más estímulos de lo normal. FIATs en las rotondas y flores en las curvas peligrosas, y las máquinas tocando la pita antes de cogerlas. Comida, comida y más comida. Campanarios en las colinas
Mientras tanto, en Jena, mis higrómetros deben de estar pasándoselo en grande, hablando con los pájaros de la pared, y las arañas de las esquinas

Aunque les eche de menos, a quien más tengo en mente es a ella, que me espera, y me soporta (literalmente). Veremos qué tal bienvenida me da cuando vuelva...

martes, 29 de julio de 2008

Desde Chicago a Jena.

Resonancias

Un sistema cuántico se considera resuelto cuando se conocen sus estados propios, sus eigenstates. Se los puede buscar directamente, resolviendo las ecuaciones que los tienen como solución. Otra manera -más o menos práctica según el caso- consiste en colocar al sistema fuera de su situación de equilibrio, dejar que evolucione en el tiempo y escuchar (*) como va resonando en sus estados propios. Quiere decir que bajo la dinámica del sistema hay en realidad un puñando de estados propios combinados de una determinada manera. Simplemente sacándolo de la posición de equilibrio y escuchando(**) dónde resuena, podemos detectar los estados propios que lo caracterizan.

Las resonancias ocurren cuando se está fuera del equilibrio. Puede pasar navegando en el lago Michigan -y que te veas a tu padre apuntándote al primer cursillo de vela. O delante de un cuadro en un museo de Boston y que veas al pasillo de la casa de tu abuela.

El verano llegó hace bastente y los campos (¡campos!) que atraviesa el tren están arados, secos, balas de heno por todas partes. Me bajo con cara de bobo -el jetlag no es excusa- al andén. Las maletas en los adoquines: taca-taca, torre inexplicable, y acento alemán campechano al que creía haberme acostumbrado. Jena state of mind.

(*) Si el sistema fuera una cuerda de guitarra, ésto equivale pulsar la cuerda(=sacarla de su posición de equilibrio) y dejarla que vibre.

(**) Aquí, escuchar significa hacer una transformada de Fourier, que transforma las oscilaciones en el tiempo en picos(=intensidades) en la frecuencia. El cerebro hace la transformada de Fourier automáticamente. Conviete distintas cuerdas vibrando al mismo tiempo en distintos picos para distintas frecuencias(=notas).

lunes, 28 de abril de 2008

Fin de semana de excursión.

Las excursiones se crearon con un único fin: compilar la música variada para el viaje. Antes del iPod, el mp3 e incluso de los CDs, estaban las cintas. Mi hermana (varios años mayor que yo) tiene -no sé si todavía- una buena colección de cintas hechas por ella misma. La recuerdo incluso haciendo el cálculo del orden de las canciones para que ninguna se quedara a mitad al final de una cara. Hoy las memorias son casi ilimitadas. El espacio limitado del casette refina el gusto, qué entra y qué no entra. Ahora se descargan álbumes en unos minutos y se almacenan para escuchar cuando se tenga tiempo. Tampoco me parece mal, pero nada tiene tanto arte, tanto history in the making como ESA CINTA que nos quedó especialmente bien (¿quizá de 90 minutos?), variada pero con un claro espíritu que la impregna y atraviesa. O aquella que te prestó algún desgraciado y todavía conservas. ¿Alguna declaración -velada- de intenciones amoroso-hormonales en clave ferromagnética?

Guille y la fábrica de chocolate. Da igual que estuviera cerrada y sólo estuviéramos en la tienda. He pisado el cielo, he olido el paraíso. Una vez estuve en el museo del chocolate -no como pieza de exposición- y casi le doy un mordisco a una señora que tenía al lado. Después de una hora oliendo chocolate muerdo lo que sea. Frutración a posteriori: he comprado pralinés que llevan licor. ¿Alguna se ha visto a ALGUIEN ALEGRARSE de que el chocolate lleve licor? Es antinatural. El como si alguien dijera de pronto sonriendo al morder una galleta: ¡Mmmmmhh, pensé que eran de chocolate, pero NO: son pasas! ¡Qué rico!

Y tres.