miércoles, 5 de noviembre de 2008

Yes we could.

Niebla. Días de niebla en Jena, niebla que se acaba metiendo hasta en el ánimo, qué se le va a hacer. Ni el compadreo que se trae la cajera de la Mensa -ya se te nota menos el desastre de corte de pelo de la semana pasada- consigue distraerme.

Humedad. Las calles mojadas aunque no llueva, humedad que se acaba metiendo en la ropa, en los huesos. Una visita al supermercado confirma que ha empezado definitivamente el semestre: a partir de las seis de la tarde, las estanterías ya están saquedas. Juraría haber visto a mi dentista rebuscando en los cestones de ofertas...será la crisis.

Y cómo no, el mundo entero como si se hubiera elegido al presidente...del mundo entero. Y yo con estos pelos. En fin.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Revele aquí su rollo.

¡Qué bueno cuando a uno le aguantan sus rollos! Los mejores amigos son los que aguantan heroicamente todos nuestros rollos. Dentro de cada buen escuchador hay, en realidad, un rollista escondido esperando a que le den pie . Dentro de cada rollista hay un buen escuchador, esperando a que alguien le cuente algo interesante.

El resto es silencio. Algún tunero jenense ha tenido la delicadeza de ponerlo en una pegatina de su coche:
Blablabla. La lluvia sigue, las obras siguen. Dos días sin chocolate y subiendo.


lunes, 27 de octubre de 2008

Ruido.

A aquél perrillo que tuvimos algún tiempo en casa le poníamos una radio encendida, o un despertador que hiciera tic-tac para que se durmiera. Algo de ruido, algo de compañía. A veces me acuerdo de él, cuando me duermo agarrado a la bolsa de agua caliente y oyendo el reloj de pared tic-tac.

Los ruidos tienen funcionan mejor que los olores o los sabores. Los últimos suelen recordar cosas abstractas, sensaciones, puede que algún recuerdo de la infancia? El ruido es concreto, reconocible, reproducible. El exprimidor de naranjas por la mañana: mi padre. El tenedor batiendo huevos para la tortilla: mi madre. Unos acordes de guitarra que se repiten en el cuarto de al lado: mi hermana. Un reloj -tempus fugit- que suena desafinado e incomprensible en el salón: mi casa.

Ruido en la cabeza, ruido en las ideas, ruido bueno. Disculpen las molestias, estamos en obras.

lunes, 20 de octubre de 2008

Ciao.

El director sólo tiene mover media ceja para que el medio centenar de adolescentes italianos se ponga firme. Silencio, se canta. Madres, padres, abuelas, tíos e incluso yernos contienen la respiración. El coro de alumnos del conservatorio empieza a cantar, acompañado por el órgano de la catedral de Vicenza.

Casi no se reconoce a la turba de adolescentes italianos "No sin mis gafas de sol" que hace unas horas recorría el centro de la ciudad. Gritándose, riéndose, gastándose bromas, hablando por el móvil y sacándose fotos todo a la vez.

Termina el concierto, y el director (maestro) explica con la partitura en la mano: es la primera vez que se interpreta ésta obra en tiempos modernos en Italia. Yo -que tengo el oído musical de, digamos, una esponja marina- me he quedo maravillado, y muy adentro sonrío: nunca pensé que una sobremesa de invierno en Berlín hace dos años -¿Sabes dónde puedo comprar partituras?- acabara en este concierto.

viernes, 17 de octubre de 2008

El país de los sentidos.

Cinco de la tarde y ya voy por el cuarto café: Italia ¿Dónde si no? Todos los sentidos recibiendo más estímulos de lo normal. FIATs en las rotondas y flores en las curvas peligrosas, y las máquinas tocando la pita antes de cogerlas. Comida, comida y más comida. Campanarios en las colinas
Mientras tanto, en Jena, mis higrómetros deben de estar pasándoselo en grande, hablando con los pájaros de la pared, y las arañas de las esquinas

Aunque les eche de menos, a quien más tengo en mente es a ella, que me espera, y me soporta (literalmente). Veremos qué tal bienvenida me da cuando vuelva...

martes, 14 de octubre de 2008

Pasado perfecto, presente continuo.

Reunión relámpago en Berlín, cuatro años más tarde. Estupendo día de otoño:
Estupendo paseo por calles que no conocía, por calles que me sé de memoria. Mecadillo: chatarra, ropa vieja y talleres de verdad, donde un tipo engrasado hasta las cejas guarda repuestos de todo:

Talleres de Berlín, casas de Berlín: espacio y luz a buenos precios:
Domingo, ergo Brunch:
A la vuelta, la tarde se empeña en recordarme que estoy en Berlín, y que sigue habiendo un cielo enorme sobre la ciudad:

domingo, 5 de octubre de 2008

Psé.

Mi interlocutor, que además es mi invitado, apura el Chardonnay y empieza a hablar sobre la existencia - o no- de Dios. Aturdido, nombro el principio de incertidumbre para ganar algo de tiempo. Es algo que los mecánicos cuánticos -y los economistas últimamente- hacen a menudo. Aprovecho y hago un repaso mental de qué le he podido poner a la ensalada para el éste me salga ahora con un tema así.

Cuando vuelvo a la conversación, está hablando sobre el yo, el súper-yo y del espacio entre ellos. Detrás de él -incluso más allá de su súper-él y el espacio entre ellos- está la pared, y en la pared mi fotografía aéra de Berlín. Me fijo en una araña que se ha descolgado del techo y ha empezado a caminar por Berlín. Sigo sus movimientos y me imagino lo que estará viendo. Si noto que mi interlocutor -que ya no lo es, pero aún no lo sabe- se calla, voy diciendo Naja, Achso y Nagut, para seguirle dando algo en qué pensar.

Veo que me toca decir algo, así bebo Chardonnay, que a él parece hacerle efecto y en ese momento, nos interrumpe mi vecina, que discute a gritos con su novio en algún idioma que no entendemos. Es curioso, porque cuando se llevan bien, usan otro que todos los vecinos entienden.

viernes, 3 de octubre de 2008

Unidad.

Propiedad de todo ser, en virtud de la cual no puede dividirse sin que su esencia se destruya o altere(*).

La profesora alemana ha viajado mucho, habla varias lenguas y suele hacer lo que le da la gana. Va en metro hacia el sur de Chicago. Llegó ayer, y todavía nadie le ha dicho que la parada del Oriental Institute está en un barrio peligroso, sobretodo para blancos.

Es jueves por la mañana -un jueves de otoño de hace casi 20 años- y el vagón se va quedando vacío. En la útlima parada, sólo queda otra persona, una mujer negra. Se da cuenta de que la profesora no tiene la menor idea de en dónde está, y se ofrece a llevarla en su coche el resto del trayecto.

Asustada y agradecida comenta la anécdota de la mañana con sus colegas del instituto. Sorprendidos por su atrevimiento, le recomiendan una ruta al norte alternativa. Ya de noche, es la última en irse, y la única esperando el autobús, agarrando fuerte el bolso. Indecisa, se asegura preguntando al chófer. Una vez sentada, se acerca un pasajero. Le toca el hombro, nervioso. Ella agarra más fuerte el bolso y levanta la cabeza:
- Es usted alemana?
- Sí.
- El muro ha caído.

(*) Tomado de la RAE.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Empieza el espectáculo.

Súbanse a un tren. Cojan la bici. Miren por la ventana: está llegando. Las hojas empiezan a rojear, el viento a soplar frío y los higrómetros...bueno, los higrómetros siguen marcando lo que les da la gana.

No supe muy bien lo que era el otoño hasta que llegué a Berlín, en donde -con mi legendaria habilidad para repetir las cosas- harté al personal con lo mucho que me impresionó mi primer otoño "de verdad".

Por eso siguen teniendo algo de principio. Es el momento. Pónganse el jersey, saquen la boina. Pasen y vean.

martes, 16 de septiembre de 2008

Jena la nuit.

Los jefes están en las antípodas. Literalmente: el desfase me hace trabajar hasta tarde para que ocho horas de adelanto -se deben de estar levantando- no supongan todo un día de retraso en el tráfico de emails. Por supuesto, hace falta para ayer. A medianoche empieza a costar trabajo encontrar el error en los resultados.

Un lunes (martes ya) a estas horas a Jena le falta todo. Han quitado las ventanas, los coches, la gente. Deben de haber desmontado hasta las colinas. Juraría que el semáforo ha sonreído al ver a un tipo que cruza rápidamente aunque no queda un solo coche en toda Turingia. Ya por la mañana, a Jena se la traga la niebla(*).

Las mañanas laguneras también tenían su niebla y su frío. La estudiante en prácticas también la recuerda La Laguna. En la pizzería en la que trabajó allí -probablemente atendiéndonos al mismo grupo de amigos varias veces- aprendió el español que ha utilizado para preguntarme por qué no cuadran sus cálculos cuánticos. Pienso en los míos no cuadrando la noche anterior por las tres últimas letras de un fichero y...

(*) Según acolostico es porque los del ayuntamiento no han pagado las facturas del paisaje.


jueves, 11 de septiembre de 2008

LHC

El Large Hadron Collider (LHC) acaba de ser puesto en funcionamiento. Si mañana viniera un extraterrestre y preguntara lo que es, la respuesta sería algo como: Es el aparato más grande que tenemos para acelerar las partículas más pequeñas que conocemos a las velocidades más altas posibles. ¿Para qué? Para ver qué pasa. El extraterrestre se encogería de hombros y seguiría escuchando música de su iPhone con pantalla telequinética.

De pequeño, yo también acelaraba cualquier cosa que pillaba -por la ventana- ver qué pasaba cuando colisionaba con el suelo: el método LHC. La gente está asustada, porque se pueden crear objetos similares a agujeros negros a escala microscópica. Qué gran conversación entre jefe y estudiante de doctorado:
- Je-jefe...que me he cargado medio pueblo. Están en algún universo paralelo. Y-yo...no sabía...lo siento.
-¿Otra vez, OTRA VEZ!?

Y la humanidad, sin ponerse de acuerdo en cómo se escribe la palabra reflanflinflar...

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Berlín en bici.

Lo primero que hizo mi primera bicicleta de Berlín fue romperse. Tampoco los 25 euros que le acabamos pagando a aquel tipo en el mercadillo daban para discutir. Pero, aquella bici, incluso rota, valía más. Al día siguiente recorrí media ciudad para poder arreglarla gastando lo menos posible. Más tarde supe que sería algo típico de erasmus: moverse quince kilómetros para ahorrar seis euros. Tuvo la delicadeza de romperse la última noche de fiesta con los compañeros del piso. Estuvo dos meses en el mismo sitio donde se rompió: una farola frente al Kaffee Burger.

Llevo tres años cargándola rota. Una época estuvo aparcada sin candado en mi residencia, con la esperanza de que alguien se diera cuenta de que -aunque rota- era una buena bici. Me fui por segunda vez de la residencia. Allí seguía meses más tarde, hasta que un día decidí que se había ganado a pulso el que me la llevara de nuevo conmigo. En Jena, por estar mi cuarto encima del garaje, hasta duermo encima de ella.


Aunque lleve ya casi tres años utilizando otra bicicleta, siempre lo hago pensando que es algo temporal hasta que arregle la de verdad. No hay nada más definitivo que lo que se llama temporal. Por suerte, no hay nada más temporal que las cosas que nos parecen definitivas. Menos mal.

viernes, 5 de septiembre de 2008

El tiempo mejora.

La nueva "utilidad social" Facebook permite a todo el mundo estar hiperconectado con todo el mundo a todas horas. Se suben fotos, perfiles, estados civiles, anímicos, físicos, educacionales y todo lo que el exhibicionista online en cuestión quiera hacer ver. Un fenómeno más de la generation ME(*). Existían páginas parecidas desde hace mucho, pero Facebook arrasa por la facilidad con la que automáticamente propone posibles conocidos al usuario. A medida que aumenta la lista de "amigos" más información tiene el software para cruzar datos y proponer, a su vez, nuevos contactos. A su vez, éstos retroalimentan la información para la siguiente búsqueda y así cada vez más rápido.

El tiempo mejora -o parece hacerlo al menos- en Facebook. ¿Dónde están los tipos con granos, las chicas sobredimensionadas, los barbilampiños, las ortodoncias, las gafudas, los malos en deporte que éramos todos? Pasan ocho (!) años y sólo encuentro a guapetones radiantes haciendo surf en las Maldivas, chicas monísimas haciendo másters de algo (de algo de mandar, intuyo) en Nueva Yor y gente de copas (¿todo el mundo está de copas todo el rato en Facebook?) en Ibiza. Facebook no deja ni el consuelo de descubrir feas a las chicas que nos gustaron pero pasaron olímpicamente de nosotros. NO. Siguen guapísimas, igual que aquel día cuando casi justo por un momento nada más estuvimos a punto de decir algo pero luego ya nada. Ocho años, madre mía.

El tiempo mejora -o parece hacerlo al menos- en Jena. Esperemos. Hasta luego.

(*) ¿Cómo este blog?

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Por algún sitio había que empezar.

Mientras afuera llueven perros y gatos, yo me imagino la cara de Noé oyendo el parte meteorológico ¡Nubes y claros...Nubes y claros! ¡Primero me mandas a construir una barco en medio del desierto y luego cielos parcialmente despejados! Me pongo la capucha y me imagino que que arrugando la cara y encogiendo los hombros, la lluvia moja menos.

Aunque la halles lluviosa, Jena no te ha engañado. La casa está más triste, han arrancado de cuajo un jardín que tenía justo debajo de la ventana, que era prácticamente mío. He contraatacado con pájaros de papel.

Empieza la segunda temporada. A ver. Buenas noches y buena suerte.

domingo, 3 de agosto de 2008

Intermezzo.

Tussies(*), Turcos y Turistas. Olor a ciudad nada más salir del tren, a gente y más gente. Quincalla y libros viejos en cajas de fruta. El camarero deja de maltratar sus clientes por un momento y pide amablemente al músico ambulante que se vaya a otra parte a destrozar boleros con su acordeón. Berlín: cafés con tipos flacos de pelo sucio y gafas de pasta escribiendo en sus cuadernitos sobre gente que quizá ya no viva aquí.

El museo: su altar, su puerta con los leones. La cruzo, igual que hace nueve años como viajero de fin de curso atolondrado, después turista mochilero de verano, como recién llegado, vecino del barrio, viejo conocido y ahora como visitante de paso. Obras y más obras. La ciudad que va cerrando heridas y abriendo zanjas. Todo aquí se mueve o deja de hacerlo al compás de las Bauarbeiten.

Mi último barrio, sus anarco-lesbianas federadas y sus punkis que siguen en lucha:
Cruzando ese portón, en el Innenhof -bitte keine Photos, no tourists dicen los grafittis- aún hay dos bicis mías olvidadas, heredadas de generaciones de alumnos erasmus que llegaban y se iban. Tomamos la última copa en un bar en el que -explicablemente- hay una hamaca que estuvo en mi salón un año y medio. Nos despedimos, y la funeraria de enfrente nos recuerda que ni la muerte nos alejará del mal gusto -o de los buenos precios:


(*) Más links: uno y dos.

viernes, 1 de agosto de 2008

Aquí.

Alemania cuando pido un paquete el lunes y me llega el jueves. Alemania cuando vuelvo a separar la basura. Cuando mi vecino estudia algo como intercultural management. Alemania cuando la palabra Polsterluftbriefumschlag suena en la oficina. Alemania cuando la asesora fiscal se llama nada menos que Frau Geldhäuser. Alemania cuando escucho la palabra Steuerberatergebührenverordnung. Vuelvo a ser Sehr geehrter Herr P -wie Peter, E -wie Emil, R -wie Robert, E -wie Emil und Z -wie Zeppelin.

Jena: llego a la universidad antes de que acabe la primera canción del mp3. Jena cuando entro en la mensa temblando. Juraría que la camarera me desea Buena suerte en vez de Buen apetito al darme una montaña de papas y brócoli. Jena cuando salgo pronto de la universidad porque cierran las tiendas. Cuando hago lo que quería hacer en la mitad del tiempo. Del cuello de la cajera cuelga la forma de Turingia en oro. Jena, ciudad de la luz y de la escasa banda ancha.

Mi casa cuando veo los higrómetros. Cuando hasta la pesa parece marcar menos, será la crisis. Mi casa cuando veo el mapa de Berlín en la pared. Café, al fin café. Mi casa cuando me hago una ensalada. Mi casa cuando friego, cuando hago la lavadora. Mi casa cuando salgo y en cinco minutos estoy tomando una buena cerveza en buena compañía.


martes, 29 de julio de 2008

Desde Chicago a Jena.

Resonancias

Un sistema cuántico se considera resuelto cuando se conocen sus estados propios, sus eigenstates. Se los puede buscar directamente, resolviendo las ecuaciones que los tienen como solución. Otra manera -más o menos práctica según el caso- consiste en colocar al sistema fuera de su situación de equilibrio, dejar que evolucione en el tiempo y escuchar (*) como va resonando en sus estados propios. Quiere decir que bajo la dinámica del sistema hay en realidad un puñando de estados propios combinados de una determinada manera. Simplemente sacándolo de la posición de equilibrio y escuchando(**) dónde resuena, podemos detectar los estados propios que lo caracterizan.

Las resonancias ocurren cuando se está fuera del equilibrio. Puede pasar navegando en el lago Michigan -y que te veas a tu padre apuntándote al primer cursillo de vela. O delante de un cuadro en un museo de Boston y que veas al pasillo de la casa de tu abuela.

El verano llegó hace bastente y los campos (¡campos!) que atraviesa el tren están arados, secos, balas de heno por todas partes. Me bajo con cara de bobo -el jetlag no es excusa- al andén. Las maletas en los adoquines: taca-taca, torre inexplicable, y acento alemán campechano al que creía haberme acostumbrado. Jena state of mind.

(*) Si el sistema fuera una cuerda de guitarra, ésto equivale pulsar la cuerda(=sacarla de su posición de equilibrio) y dejarla que vibre.

(**) Aquí, escuchar significa hacer una transformada de Fourier, que transforma las oscilaciones en el tiempo en picos(=intensidades) en la frecuencia. El cerebro hace la transformada de Fourier automáticamente. Conviete distintas cuerdas vibrando al mismo tiempo en distintos picos para distintas frecuencias(=notas).

jueves, 24 de julio de 2008

Desde Jena a Chicago (y VIII).

Llegó el final del final...as far as this train goes (*).

Adiós a los enchufes asustados:


Adiós al trabajo:


Adiós a los trenes:


Adiós 39 pisos (47 segundos):


Adiós balcón por las tardes:


Adiós a mis compañeras de cuarto:


Adiós al balcón por la mañana (¡Nubes!):


Adiós partidas de ajedrez en la nevera:


Adiós señor Michigan:


Adiós tormentas repentinas:


Adiós graduaciones de gala:


Adiós 4 de Julio:


Adiós carteles:


Cómo no, adiós videoclub:


Adiós Chicago. Hola jetlag.

(*) En Berlín sería Dieser Zug endet hier.

sábado, 19 de julio de 2008

Desde Jena a Chicago (VII).

Los demás.

Hay un chiste estupendo de Quino en el que se ve a un náufrago sólo en una isla desierta, estrechándole la mano "al aire": Menos mal que ha llegado usted. Estaba empezando a volverme loco.

Nos hacen falta los demás, aunque nos cueste reconocerlo. Nos hacen falta los viejos conocidos, para darnos cuenta de cómo hemos cambiado. Nos hacen falta los viejos amigos, para darnos cuenta de que seguimos igual que siempre. Nos hace falta la familia, para decirnos lo que nadie más nos va a decir.

Recibo una visita inesperada, y me acuerdo del tipo del chiste. Pues yo te veo igual. Agradezco el cumplido, con su parte de verdad y su parte de wishful thinking. Nos dan las tantas hablando de recuerdos Erasmus y amigos comunes. Estaba empezando a volverme loco.

domingo, 13 de julio de 2008

Desde Boston a Chicago (I).

La señora me pide que le baje el bolso, quiere leer. Una vez sentados, se explica: quiere aprovechar para acabarse el libro de Obama. ¿El de la audacia o el del padre? Me enseña la cubierta (es el del padre) y hace algún chiste que no llego a entender, pero a mi izquierda alquien responde sonriendo Trabajo para el partido demócrata. - ¿Ah sí? ¿Y cómo hago para donar? quiere saber a mi derecha la lectora. La azafata trae bebidas, el debate se anima. Ahora o nunca.- pienso, y, levantando mi Ginger-Ale, interrumpo su conversación. To Barack. Divertidas, repiten a coro: To Barack.

¿Are you visiting, Sir? - como todos aquí, el taxista quiere hablar- No, I live here.- a ver si así no me tima. ¿You from town? - Spain, Canary Islands. Si estuviéramos en Alemania, el taxista empezaría ahora a recitar los nombres de las islas, las playas más inaccesibles, el Loro-Parque, los apartamentos "Vistamar", "Playazul", "Playamar" o similares. Él vino de Somalia. Me cuenta cómo salió de allí. Si me habla de Canarias, no creo que sea de hoteles.

Mirando en la pared de novedades del videoclub, la dependienta y yo vamos manteniendo una de esas conversaciones sin mirarnos las caras. Ojeamos las carátulas, ¿Ésta? - No, esa ya la he visto. Seguimos buscando, me pregunta por mi doctorado. Ella tiene un degree en bussiness, qué pena no haber seguido con su tesis, pero tuvo a Omar, y bueno, al final, ya se sabe. Pongo cara de que ya sé. La peli por la que pregunto es de guerra, ella no quiere saber nada de guerras desde que salió de Bosnia. Todo -las pelis, Omar, la tesis, la guerra- dicho en el mismo tono. Silencio. Oh, I understand. Digo la frase, pero me doy cuenta de que no, no understand un carajo, qué voy yo a understand - Well, I mean..I guess I don´t really, but...vaya berenjenal. Here it is! -me salva, ha encontrado la peli.